Pero, una vez que te acercas, la cosa tiene sus matices. Dentro del sistema de castas que rige la sociedad india, los brahmanes son la casta superior, el vértice más alto de la pirámide. Son los sacerdotes, los maestros, los que marcan las directrices del quehacer social, los sabios, los que indican a los demás el camino a seguir. Dicen ser portadores del mismo Brahman, el poder sagrado que sostiene el universo.
En la vida de cualquier hindú hay varias fases, la cuarta fase, después de estudiar, ser padre y peregrino, es el ascetismo. El término sadhu, o santón, hace referencia a místicos, ascetas, practicantes de yoga y monjes que llamados por un gurú (maestro), se marginan de la sociedad. Se desentienden de todos los lazos familiares, renuncian a su mujer e hijos, a sus propiedades, a su nombre, a los dioses familiares, a la ropa del hombre normal, no tienen posesiones y reducen sus necesidades al mínimo de supervivencia para concentrarse en alcanzar una realidad más elevada. No vuelven a cortarse la cabellera ni la barba y dependen de la caridad de los demás pues no pueden trabajar. Las donaciones que les hacen son consideradas como “ofrendas a los dioses”, que favorecen la acumulación de buen karma.
También hay falsos sadhus. Es relativamente frecuente encontrar en los sitios turísticos santones semidesnudos y pintados como actores. Tienen otro aspecto, incluso otra expresión y su atuendo es mucho menos austero. Les gusta llamar la atención. Se exhiben públicamente para que los curiosos les miren, les fotografíen y les den algún dinero.




